C.A.B.A, lunes, 24 de julio de 2017 05:40:33

El desparpajo sin límites

Narrativa argentina. Retrato íntimo de Alberto Laiseca, un escritor de culto y autor de una obra excéntrica que empezó a traducirse al francés.

Género : Prensa
Lanzamiento : 03 / 2014
Autor : Revista Ñ
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Hay una anécdota de principios de los setenta, época en la que Alberto Laiseca vivía en Escobar. A pesar de tener que viajar cuatro horas todos los días para llegar al trabajo, vivía allí porque le gustaban los animales y sólo en Escobar podía tener una casa con patio. Un día encontró un gato de dos meses en la calle y lo adoptó. Empezó a darle de comer, a cuidarlo y encariñarse. Al día siguiente tuvo que irse a trabajar y dejó al gato en la casa. Al volver, el lugar estaba convertido en un escenario de terror: los perros habían despedazado al pobre gato. La furia que le generó la escena hizo que quisiera castigar, incluso matar, a esos animales asesinos pero instintivamente se puso a ladrar y aullar como un perro más. Con los pelos erizados como si estuvieran recibiendo una descarga eléctrica, los perros retrocedían con las patas encogidas, se arrinconaban y gemían. El escritor César Aira, quien supo diseminar el relato, interpreta que el temor del perro ante su amo convertido en perro supera el castigo más violento. Es peor incluso que la muerte. La hipótesis de Aira es que ese hombre transformado en perro seguirá siendo el amo pero además será perro. Es decir: “conocerá desde adentro los mecanismos de acción y reacción del perro, y podrá ejercer un dominio al lado del cual el del hombre-hombre sobre el perro es apenas un simulacro lúdico de dominación”. El poder del hombre-perro sería, para el perro, una verdadera pesadilla.

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